Mientras escribía, una mujer mayor se encontraba a mi lado,
fisgoneaba y hacia gestos extraños por cada palabra redactada en el computador;
frente a mí una joven de aproximadamente 16 años me veía inquieta, movía la
cabeza, mantenía su mirada fija y solo por momentos dejaba de penetrarme con su
vigilancia.
Me sentía extrañamente cómoda, no sabía porque no salía
corriendo del lugar. Probablemente me sentía cómoda haciendo que la señora se
preguntara internamente si yo era lesbiana o algo por el estilo, así como también
me gustaba ser presa de la atención de una niña tan bella.
Ella, tenía el
cabello color miel, labios rosas, ojos grandes color café profundo enmarcados
por unas gruesas pestañas…
Los minutos pasaban, mi atención se encontraba en otro
lugar, lo que escribía perdía sentido. Mi madre se encontraba a un lado de la
joven y yo disimuladamente la volteaba a ver cada que podía. Ella me veía, su
mirada era intensa y mi respiración se agitaba.
Perdí el hilo de mis pensamientos, sonreí de manera
tranquila mientras escuchaba una canción y abrí los ojos lentamente, descubriendo que
mi madre y la acompañante de la joven intercambiaban unas palabras. Me quite
los audífonos en el instante en que mi madre me cuestionaba sobre algo sin
importancia. Ellas se levantaron, la joven suspiro, me sonrió y emprendió su
camino mientras yo la seguía con la mirada y una mirada boba en mi rostro.



